Cuando pensamos en la Revolución Francesa, uno de los nombres que más suele aparecer es el de Robespierre. Para algunos fue un defensor incansable de la igualdad; para otros, un símbolo del terror y la violencia. Lo cierto es que Robespierre fue una figura clave en uno de los momentos más intensos de la historia europea.
Robespierre nació en 1758 en Arrás, Francia, y se formó como abogado. Desde joven mostró un gran interés por las ideas de la Ilustración, especialmente por la obra de Rousseau, que defendía la soberanía del pueblo y la igualdad ante la ley. Estas ideas marcaron profundamente su pensamiento político.
Durante la Revolución Francesa, Robespierre se convirtió en uno de los líderes del grupo de los jacobinos, el sector más radical. Defendía el fin de la monarquía, el sufragio universal masculino y la eliminación de los privilegios de la nobleza y el clero. Para él, la república debía basarse en la virtud cívica y en la voluntad popular.
Sin embargo, su etapa más conocida llegó durante el llamado reino del Terror (1793–1794). En un contexto de guerras exteriores y conflictos internos, el gobierno revolucionario recurrió a medidas extremas para “proteger” la Revolución. Miles de personas fueron ejecutadas en la guillotina, acusadas de ser enemigas del pueblo. Robespierre justificaba esta violencia como un mal necesario para alcanzar una sociedad justa.
Este post nace gracias al trabajo que han preparado nuestros alumnos, ¡echadle un vistazo!


